Feb 28 2010

Para cigüeñas, las de antes

Published by esteban a las 18:16 under General and tagged: , ,

Cigüeña

Cigüeña

¿A qué viene esto?

Hay un conjunto de circunstancias (febrero que se acaba, San Blas, nieves y fríos, carnavales, la Candelaria, mi pueblo –siempre mi pueblo–, y otras diversas noticias) que, juntas, por las más extrañas circunstancias, dan como resultado los más extraños recuerdos. Y uno de estos recuerdos es: «Por San Blas, la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves».

De nuevo volvemos a lo mismo. ¿Y qué?

La clave de la introducción del párrafo anterior la tiene San Blas, el personaje que centra ese recuerdo de la niñez, pero San Blas no sería nada sin la cigüeña; por lo que esta, la verdadera protagonista del presente artículo, desplaza a San Blas a un segundo plano.

No sé por qué la cigüeña representa tanto (o representaba) en la vida del pueblo.

Para los chicos estaba claro. Quien primero veía a la cigüeña iba corriendo donde el alcalde y le aseguraba que había visto a la cigüeña y este, como patrón del pueblo, premiaba al vigía con un dulce, una peseta o algo tangible que se exhibía como trofeo de haber sido el primero en ver a la cigüeña. Yo tuve el privilegio de ser el abanderado de esta feliz noticia una vez, y como el alcalde era mi tío, creo que me recompensó bastante bien.

¿Y para el pueblo? Aunque no lo tengo tan claro creo que la llegada de la cigüeña era, por lo general, fuente de buen augurio. La cigüeña regresaba de África, parece que esta era una zona algo más calurosa que la de mi pueblo, a instalarse en un lugar de privilegio en el pueblo. Durante una larga temporada, la iglesia (el tejado de la torre) fue el lugar de residencia de la cigüeña durante el periodo de permanencia en el pueblo (desde un poco antes de iniciarse la primavera hasta el inicio de los fríos vencido ya el verano). Pasados algunos años el nido, que en un principio se reducía a un tamaño adecuado a la familia que había de albergar (la pareja y dos o tres cigüeños), crecía desmesuradamente y aumentaba de forma alarmante su peso (palos y barro, generalmente) por lo que en una decisión que implicó mucho desgaste oratorio se decidió tirar el nido, decisión que se ejecutó, como desalojo, cuando la inquilina se encontraba fuera del territorio nacional. (Parece que la iglesia era considerada un bien mayor que la cigüeña). Y la cigüeña emigró a una chopa (el nido aumentaba y aumentaba hasta que…) y luego a otra (más de lo mismo), hasta que la cigüeña se hartó de tanto desalojo en ausencia y dejó definitivamente la residencia del pueblo. Veinticinco años estuvo el pueblo sin cigüeña, envidiando a los pueblos vecinos que sí eran receptores de esta ave migratoria, hasta que el alcalde, con la ayuda de algunos vecinos, construyó un nido (en una chopa desde la que se divisaba todo el pueblo) y de nuevo la cigüeña volvió a instalarse en el pueblo. Por fin volvíamos a tener cigüeña.

Y después de todo esto, ¿qué pasó con el título?

La respuesta viene dada por varias lecturas que tratan el tema de la cigüeña. Para mi sorpresa me encontré con varias referencias a que ya no todas las cigüeñas regresan a África después de la crianza. Desde los años 80s está aumentando el número de cigüeñas que se quedan en España, principalmente en el sur y Extremadura y viven a costa de los basurales. Parece que no importa tanto el tipo de comida como ahorrarse la travesía de Gibraltar ida y vuelta. Este viaje desgasta más que comer basura e incluso plásticos y trapos (bien aderezados en el muladar en el que los encuentran). De esta forma el regreso a sus centros de veraneo y crianza es menos oneroso en tiempo y esfuerzo. Las bravas y aguerridas cigüeñas de mi infancia se han convertido en cigüeñas light (véase la acepción 3 en el DRAE), cigüeñas que pueden pasar a engrosar las filas de otros seres que viven al margen del esfuerzo diario (hombres sedentarios, ovejas y vacas sedentarias también –yo no salen ni a pastar–, abejas a las que les dan los panales prefabricados, peces que viven en urnas en las que para recorrer su hábitat de extremo a extremo no requieren más que un nado de unos segundos, y algunos hasta se cansan, etc.).

¿Y si dejan de volar? ¿Sería bueno para ellas que las encerráramos en una jaula, que las demos de comer alimentos transgénicos, que las enseñemos a crotorar cada vez que llega una visita a la casa, que les pongamos una pareja y les hagamos un bonito nido para que críen dos poyuelos que hagan las delicias de nuestro hijo? ¿Sería bueno para las cigüeñas no tener que salir a buscar comida (sapos, culebras, basura y otros), dejar de picar el ajo y dejar de sentir el frío y el calor que la inmisericorde naturaleza les proporciona? ¿Sería bueno para las cigüeñas…?

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